Viviendo en la incertidumbre: la diversidad como travesía sanadora a través de las artes expresivas.
El congreso que hoy nos convoca presenta, aparentemente, dos temas centrales: vivir en la incertidumbre y la diversidad como travesía hacia la salud. Quién sabe si, al final, sean ambos un solo tema. Quizás intentar saber esto podría ser un objetivo a alcanzar durante los días de este encuentro. Tal vez descubramos algo nuevo en el camino.
Vivir en la incertidumbre… ¿cómo será vivir en la incertidumbre?, ¿qué supone entregarse a lo incierto? ¿Vivir en la incertidumbre será lo mismo que vivir sin certezas…sin aferrarnos a fundamentos…es esto posible?
El mundo ha sido construido en base a certezas, a predicciones, a mediciones, al control… incluso al control de nuestros impulsos inconscientes, de nuestra esencia humana que es también animal. Puesto así, quizás el vivir en la incertidumbre suponga tener que apartarnos de la vida urbana e incluso pensar en la posibilidad de ser ascetas.
La diversidad…la diversidad como posibilidad de salud, de bienestar. La diversidad siempre presente, aunque no queramos aceptarla y pretendamos construir el mundo en base a categorías. La diversa diversidad.
Incertidumbre y diversidad están presentes en las artes expresivas, habitan en ellas, las constituyen; incluso podríamos decir que ambas son las artes. En ese sentido, el congreso no busca reflexionar sobre ambos temas en un escenario artístico ya conocido, sino que nos invita a pensar en cómo nos pueden permitir vivir saludablemente, aún en aquellos momentos en que no “hacemos” arte y, también, en los momentos difíciles por los que atravesamos actualmente como comunidad humana a nivel local y mundial.
La invitación a realizar esta reflexión se da, esta vez, en Perú. Un país, como muchos países latinoamericanos, con una historia de sabiduría ancestral y una historia de conquista y desencuentros, una historia que ha marcado nuestra convivencia como ciudadanos y que pide constantes cambios y aceptaciones.
En el Perú, las normas que permiten la convivencia no suelen cumplirse. La trasgresión o incumplimiento de las normas es recurrente, comenzando por las mismas personas que son las encargadas de crear las leyes del país. La violación de las normas y el irrespeto hacia las creencias y valores de las personas proviene principalmente de quienes tienen la obligación de velar por su cumplimiento. Esta práctica es tan impune que forma parte de nuestra cotidianeidad y adquiere la categoría de “normalidad”. Un ejemplo de ello son las recientes declaraciones de nuestro ex-presidente, en las que afirma que es por falta de educación que los nativos no permiten que se realicen actividades extractivas en sus comunidades, porque consideran a las montañas como sagradas, como seres vivos, porque tienen un pensamiento animista. Estas declaraciones manifiestan, pública y abiertamente, que existe una manera correcta de ver las cosas y que el que no piense así es ignorante o carente de educación. Las reacciones a esta barbaridad han sido prácticamente inexistentes, ya sea por querer ignorarlas o por querer tolerarlas. Hechos como este nos acompañan diariamente y evidencian que en el Perú la diferencia no es una cualidad positiva. Entre nosotros, el otro dista mucho de ser considerado uno mismo.
Y en este contexto, la certeza de cómo operan las normas y la legitimidad de su incumplimiento nos podría colocar ante la incertidumbre de manera casi contradictoria; por un lado, anhelando certezas en la convivencia social y, por el otro, viviendo en incertidumbre porque las certezas no se cumplen y no podemos afirmarlas. Gran paradoja. A veces toleramos que las normas se violen y otras veces exigimos su estricto cumplimiento. Este es el escenario que hoy nos acoge. El conflicto y la oportunidad conviviendo, ahí, una junto a la otra. Un escenario pertinente para pensar en nuestra condición actual como promotores o facilitadores de espacios de salud.
Y es en ese escenario donde las artes tienen mucho que aportar, así como la sabiduría ancestral de nuestros pueblos originarios. No para emularlos y convertir su práctica en la nuestra, sino para aprender a respirar de manera conjunta. ¿Qué hace Tae Perú realizando ceremonias andinas cuando ninguno de sus miembros ha vivido si quiera un año en alguna comunidad de la sierra? ¿Qué validez tiene nuestro discurso si nuestra práctica puede resultar siendo más occidental de lo que quisiéramos? Desde la fe que tenemos en la creación con las artes y desde el reconocimiento profundo y sincero de las contradicciones que habitan el alma de los seres humanos, creemos que el encuentro es posible. Un encuentro donde podamos estar dispuestos a cuestionarnos, a abandonarnos a la incertidumbre, a reconocernos en lo individual y en lo colectivo como diversos. Tan diversos en nuestra condición humana como lo demuestra el hecho de estar ahora todos nosotros juntos, con la intuición de que lo que suceda en este congreso, no los contenidos o temas trabajados en él, será nuestro mejor aprendizaje.
